Pasan los días y se acercan las horas de un año atrás, aquellas en las que amé la vida, cuando me sentí volar. Horas que acabaron sin a penas disfrutar, deseando que jamás hubiesen terminado.
Es el verano que enfría mis ganas, que congela y desgasta mis intenciones de vivir. Sólo me queda rogarle al otoño, a su brisa ocre que se apiade de mi.
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